Concepto de insuficiencia renal

 

Decimos que un órgano es insuficiente cuando no es capaz de realizar correctamente la función que tiene asignada. El riñón desempeña tres funciones que son necesarias para el mantenimiento de la vida.

  • La primera de ellas es la eliminación de la mayoría de los productos finales del metabolismo. Dicho de otra manera, de las toxinas o detritus resultantes del trabajo del cuerpo humano.
  • La segunda función del riñón es mantener constante la composición del líquido que rodea nuestras células, o líquido extracelular, tanto en la cantidad de agua como en la de las sales minerales que van disueltas, y que deben mantenerse dentro de unos determinados límites. De esta manera se puede obtener el equilibrio necesario entre el interior y el exterior de las células para su correcto funcionamiento.La importancia del agua en nuestro organismo deriva de su notable presencia en la composicion del cuerpo humano: un 70% de nuestro cuerpo es agua, la mitad de ella está en el interior de las células.
  • La tercera función del riñón es actuar como un órgano endocrino o formador de hormonas. Las hormonas son sustancias que, producidas o fabricadas por un órgano del cuerpo, son transportadas por la sangre para llegar a otro órgano donde ejercen su misión.

El riñón es el lugar de producción de hormonas como la eritropoyetina, la vitamina D y la renina. La eritropoyetina va a llevar a la médula de los huesos el mensaje para la formación de glóbulos rojos. La vitamina D es necesaria para la absorción del calcio a nivel del tubo digestivo y la mineralización de nuestro esqueleto. La renina interviene en la regulación de la tensión arterial.

¿Cuando se debe comenzar la diálisis?

Por supuesto la diálisis se debe comenzar cuando la insuficiencia renal sea avanzada y no se debe esperar a que los riñones hayan dejado de funcionar totalmente, ya que aunque el régimen dietético sea muy estricto y no se tengan síntomas urémicos, pueden aparecer complicaciones como pericarditis (inflamación de la envoltura del corazón), polineuritis o daño de los nervios y gastritis con riesgo de hemorragia digestiva. Además se puede producir un deterioro del organismo que luego será mucho más difícil de recuperar a pesar de la diálisis.

Aunque no existe una norma general, se recomienda comenzar con diálisis cuando el aclaramiento de creatinina se encuentre entre 5 y 10 ml por minuto, es decir, cuando la función renal se encuentre reducida aproximadamente al 5 - 10% de la normalidad.

¿Cuál es el mejor tratamiento: la diálisis o el trasplante?

Es una pregunta fácil y difícil a la vez. La respuesta no puede ser simplista y válida para todos los centros ni para todos los pacientes. Por lo general, la diálisis, aunque se haga muy bien y con todos los adelantos disponibles, sólo consigue realizar algunas de las múltiples funciones del riñón. Las deficiencias hormonales y las frecuentes variaciones de la cantidad de líquido y sales en el organismo conducen a la progresión o aparición de problemas relacionados con la insuficiencia renal. Esto no ocurre con un riñón trasplantado. Cuando un riñón se trasplanta y funciona bien, la persona vuelve a ser completamente normal y en poco tiempo pueden desaparecer problemas como la anemia o las lesiones en huesos, músculos y nervios. Pero tampoco todos los trasplantados tienen una evolución favorable. Para un pequeño porcentaje, la aparición de infecciones, el rechazo del riñón trasplantado, o la aparición de problemas relacionados con la enfermedad renal inicial o con la arteriosclerosis favorecerán la aparición de complicaciones que se pueden evitar en parte seleccionando lo mejor posible los pacientes en diálisis que van a recibir un trasplante renal.

¿Qué cuidados debe tener un paciente en diálisis que esté incluido en una lista de espera para trasplante renal?

Para que el trasplante pueda realizarse y tenga un éxito inmediato y prolongado, es fundamental e imprescindible que el paciente en diálisis llegue en las mejores condiciones médicas al trasplante. Y esto es necesario porque, de lo contrario, el riesgo quirúrgico y anestésico, y las dificultades técnicas intrínsecas al acto operatorio pueden hacerlo dificultoso o incluso imposible. Un claro ejemplo: si un paciente en diálisis durante varios años no ha controlado correctamente los niveles de fósforo en la sangre, bien por no observar una dieta correcta, o bien por no tomar alguna medicación destinada a lograr dicho control, puede suceder que le aparezcan calcificaciones en todos los vasos sanguíneos. Este problema puede impedir que el cirujano, en el momento del trasplante, realice las uniones o anastomosis entre la arteria del riñón trasplantado y la arteria del paciente. Desgraciadamente se trata de una realidad y, pese a la importancia de estos aspectos para llegar en las mejores condiciones al trasplante o mejorar la calidad de vida en la diálisis, siguen siendo todavía excesivamente frecuentes los casos de pacientes jóvenes y de mediana edad que por dejadez, por no atender las recomendaciones, o por circunstancias diversas, experimentan un envejecimiento interior que complica su evolución posterior tanto en diálisis como en trasplante.

En este sentido, otro de los grandes aspectos preventivos del paciente en diálisis que se va a trasplantar es el del control de la tensión arterial y la supresión del tabaco. Si un paciente bebe mucho líquido o no sigue una dicta sin sal correctamente, el excesivo peso acumulado entre las diálisis influirá negativamente de dos maneras:

  1. Porque en las pocas horas que dura la diálisis, el organismo tiene que adaptarse a diferentes contenidos de líquido y ni nuestro corazón ni nuestros vasos sanguíneos están preparados para sufrir este cambio tan brusco.
  2. Al existir más líquido dentro del organismo, la tensión arteria¡ suele ser más alta y esto condiciona un sobreesfuerzo del corazón, pulmones y vasos sanguíneos que con el tiempo pierden elasticidad, se hacen más rígidos y comienza el proceso irreversible de la arteriosclerosis. Cuando este proceso es generalizado y se encuentra en estado avanzado, dificulta la llegada de la sangre a los diferentes órganos y aparecen trastornos de su función: infarto de miocardio, infartos cerebrales, mala circulación por las piernas con dificultad para caminar, etc. Por ello es importante seguir fielmente las indicaciones del personal sanitario que pretenden únicamente el bienestar del paciente, es decir, realizar una medicina preventiva dentro de la situación de enfermedad en la seguridad de que el sacrificio, el esfuerzo y las limitaciones lógicas que van a existir durante la etapa de tratamiento con diálisis permitirán la llegada al momento del trasplante en unas mejores condiciones y si no se trasplantan conseguirán una vida en diálisis más larga y de más calidad.

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