“EN MEMORIA DE NUESTROS DONANTES”
Guía breve de ayuda a sus familias

34. Artículos publicados en la prensa local entre 1990 y 2002

  

 Comprometidos con la donación

             La donación de órganos en nuestro entorno ha alcanzado en los últimos tiempos una estabilidad, tanto en lo bueno (33 donantes por millón de población), como en lo menos bueno (25 % de negativas a la donación). Con este capital tenemos que proporcionar tratamientos con trasplantes a una población cada vez mas numerosa, de mayor edad y más exigente. Es fácil entender que resulta difícil aceptar, tanto para los enfermos como para sus familias, permanecer durante años en lista de espera de trasplante sin que les llegue ese tratamiento, que por único y eficaz, es tan anhelado. Para ellos, lo mismo que a los profesionales sanitarios, nos resulta dramático enterrar tantos riñones, hígados y corazones de personas que fallecen en circunstancias que pudieran haber sido donantes y sin posibilidad de aprovechar algún órgano o tejido para operaciones de trasplantes, que hagan posible la continuidad de la vida. Tanto la legislación vigente como los avances científicos, permiten en estos momentos que los buenos fines de los órganos donados se alcancen en nuestros hospitales sin ningún género de dudas, con resultados funcionales óptimos y elevados estándares éticos, al ser considerado el modelo español en donación y trasplantes, probablemente el más original, eficaz, transparente y justo de todos los actualmente vigentes en el mundo. Con estos planteamientos tan benéficos ¿cómo es posible que una pequeña pero significativa parte de la población diga todavía no a la donación?. Los argumentos más habituales expresados por familiares del fallecido en estos casos son, que no toquen ya su cuerpo, que se quede como está y que no conocían su opinión.

Para intentar entender estas decisiones ciertamente egoístas, hay que profundizar en aspectos antropológicos de la naturaleza humana. El respeto a la integridad del cuerpo y la repugnancia a su violación tanto la obligatoria y legal (autopsia judicial) como la voluntaria y solidaria (donación de órganos) ha sido y es, una justificación para que algunas familias contemplen la donación como algo impuro, no gratificante y se nieguen a  considerar la donación de sus familiares cuando fallecen sin haber acreditado ante ellos su firme voluntad de ser donante.

El concepto de imagen corporal y su preservación tras la muerte surge hace miles de años. En épocas remotas la inhumación era una práctica general con enterramientos progresivamente más sofisticados y complejos, dependiendo del status del fallecido. Los mitos relativos para alcanzar la vida eterna tras la muerte terrenal son la base para los diferentes rituales funerarios, desde la máscara como preservación de la "fotografía" del difunto hasta el embalsamamiento más sofisticado que mantenía el cuerpo incorrupto con una fidelidad extraordinaria a su estado anterior y con apariencia de vida. La Iglesia Católica ha favorecido en el pasado prácticas de enterramientos particulares que han promovido un notable apego al cuerpo, determinado por el fallecido o por sus familiares. Estas han ido desde los espacios reservados en catacumbas a las inhumaciones dentro de las mismas iglesias o en su entorno. La rápida aceptación de la cremación en las últimas décadas en la cultura occidental está facilitado en gran medida, un cierto desapego de esas tradiciones funerarias alrededor de la muerte. Con la cremación, el cuerpo del fallecido cambia de estado, pero ni se le olvida más, ni se le quiere menos, ni pierde un ápice de respeto, atributos o prerrogativas.

Es preciso que aprovechando estos cambios de mentalidad que facilitan la creciente opción de la cremación, nuestra sociedad comience a mirar la donación de órganos como una decisión lógica, humana, acorde con los tiempos solidarios que nos ha tocado vivir y la elija de forma racionalizada y mayoritaria.

Las autoridades españolas han actualizado recientemente la legislación sobre donación y trasplantes, de una parte para facilitar que nuevas tecnologías diagnósticas y nuevos programas de trasplante con órganos procedentes de donante vivo, puedan ser aplicados en nuestros hospitales. Este control legal sobre las donaciones y los trasplantes introduce además las máximas garantías en los protocolos de donación y trasplante, alejando cualquier posibilidad de error o abusos al introducir controles completos y sofisticados.

Mientras las expectativas con trasplantes realizados desde animales transgénicos o provenientes de modificaciones de células "madre" se consolidan, es preciso intentar conseguir máxima simbiosis sanidad-sociedad  para que ningún órgano de fallecidos en hospitales autorizados para la donación de órganos, deje de ser valorado con fines de trasplante para solucionar así, graves y mortales enfermedades.

Los estudios realizados sobre actitudes de la población española sobre donación y trasplante muestran de forma uniforme que una gran mayoría está a favor y que donaría tanto órganos de su propio cuerpo como de sus familiares, si conociera que por su parte no existía oposición. De ahí la importancia de que todos nosotros en algún momento de la vida, transmitamos a nuestra familia, a nuestros amigos, el deseo de ser considerados donantes llegado el caso. Esa frase tan sencilla, facilitará en su momento una importante decisión. Por ello pedimos con reiteración y hoy más si cabe, en el día del donante de órganos, esa manifestación de voluntad positiva hacia la donación tanto en el público como entre los profesionales sanitarios. Conocemos por propia experiencia y así ha sido valorado en otros hospitales, que actitudes positivas sobre la donación y los trasplantes entre enfermeras, médicos y profesionales no sanitarios, influyen de forma clara y contundente en familias que pasan por la terrible experiencia de la muerte súbita en su entorno y que tienen que decidir en esos tristes y presurosos instantes, acerca de la donación de órganos. Por eso desearíamos facilitar a todos información amplia y actualizada sobre la donación y trasplantes, ya que estamos convencidos de que a mayor información, mejor opinión. Esta es una obligación de las autoridades sanitarias y de los profesionales más relacionados con la donación y trasplantes, queremos que sea juzgada como un compromiso leal ante una situación sanitaria en materia de trasplantes que con ser buena, no es óptima y por tanto, manifiestamente mejorable. Tampoco se debe olvidar en este día señalado, la importante labor de concienciación que pueden hacer todos los trasplantados y sus familiares, muestra evidente de la solidaridad recibida. Su testimonio puede facilitar una buena percepción social de la donación.

La donación de órganos tiene que llegar a ser considerada una decisión de alta valoración moral y creciente reconocimiento social. Debe ser mirada tanto por los familiares del donante como por la sociedad en general, como un acto tremendamente útil, que cierra el ciclo de una vida pero que al mismo tiempo es fuente de vida. Por ello espera el firme compromiso de todos si queremos incrementar los logros alcanzados en tratamientos con trasplantes.

 

 

Donar órganos: la herencia más hermosa

 

            Es gratificante comprobar la generosidad con la que muchas familias de donantes de órganos pueden hacer gala, recordando en esos difíciles momentos de dolor y drama personal a otras familias que malviven con la angustia de la enfermedad crónica y cuya vida depende de que en un plazo breve les llegue la definitiva solución a su problema a través de un trasplante de órganos.

            Para los que llevamos algún tiempo en la responsabilidad de realizar la petición de donación a las familias, el momento de la entrevista en el que la familia asume el fallecimiento de su ser querido y se enfrenta a la solicitud de donación de órganos, es un instante de gran emoción, que nos enfrenta ante diferentes modos de reaccionar en momentos de gran confusión y nerviosismo.

             Sabemos que si a todas esas familias les pidiéramos la donación días o semanas después del fallecimiento, entonces la respuesta de todas ellas, atenuados ya los dramatismos y la confusión inicial y vencidos ante la realidad, seria invariablemente "si", pero el momento de la petición es único e irrepetible y tenemos la obligación, porque no existe alternativa, de introducirnos en su duelo para explicar la necesidad de los trasplantes de órganos y obtener en un plazo breve su consentimiento.

            Por eso nos emociona gratamente la claridad con la que cada día un mayor número de familias nos ofrece espontánea y altruistamente la posibilidad de donación y de mantener vivos esos órganos en otros cuerpos para que continúen realizando la función para la que fueron creados y retrasar así su inexorable destrucción.

             Para que este tipo de respuestas suceda cada vez con más frecuencia, la sociedad tiene que corresponsabilizarse más en los programas de trasplante de órganos de su comunidad. Por nuestra parte tenemos que periódicamente conocer el estado de información y de opinión sobre la donación y los trasplantes para introducir medidas de intervención que enfrenten la necesidad y el problema. Las encuestas que la población completa periódicamente sirven para proporcionar actuaciones puntuales y a más largo plazo. España que lidera actualmente la tasa de donaciones de órganos ha sabido introducir en la conciencia de la población la necesidad de donación y las ventajas que una sociedad mayoritariamente donante puede reportar para la salud comunitaria. Para no perder esta posición hegemónica, la población tiene que recibir la mejor y más completa información de como se obtienen los órganos para trasplante, de cuales son las necesidades de órganos y de las ventajas que para el conjunto de la sociedad representa el que una gran mayoría de la población seamos donantes. Solo así se podrá hacer frente a esa necesidad creciente de órganos para trasplante y tratar adecuadamente muchas enfermedades crónicas haciendo retroceder a la muerte.

            El éxito de los trasplantes propiciando la vuelta del receptor al trabajo y a sus obligaciones familiares, tiene que servir de acicate para apoyar la deseada conversión de la sociedad actual en otra mayoritariamente donante.

            La donación de órganos nunca deberá ser obligatoria, porque perdería esa amplia base que la sustenta, que es la solidaridad interhumana de ayuda al prójimo a cambio de nada, excepto del reconocimiento y gratitud de otra familia angustiada que ve penosas circunstancias, pero en la firme convicción de que en otro momento próximo o lejano alguien en parecidas condiciones puede donar algo que cualquiera de nosotros o de nuestra más querida familia necesite urgentemente. Dono porque creo en la reciprocidad y en el hoy por ti, mañana por mí o para mi familia.

 

            Esta íntersolidaridad tiene que ser permanentemente estimulada y reconocida por toda la sociedad como un gesto de inmensurable magnitud que resume la capacidad de ayuda y de sacrificio por parte de una persona para que otra se salve y siga viviendo con partes de su cuerpo innecesarias después de la muerte.

 


 

 Crónica de una donación

 Acaban de dar las siete de la tarde cuando suena el móvil del Coordinador de Trasplantes. Desde la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Carlos Haya informan que un varón ingresado hace dos días por hemorragia cerebral y daño cerebral severo, no tiene respuesta neurológica. Tras solicitar las pruebas de actividad cerebral, neurólogo / neurocirujano confirman el diagnóstico de muerte encefálica, proceden a firmar el certificado de defunción e informar a la familia.

El coordinador de trasplantes (CT)  mira el reloj y son las nueve y media. Reúne a la familia del fallecido para explicarles la triste realidad y ofrecerles la opción de la donación. La entrevista es corta; apenas dura veinte minutos. El fallecido de 64 años, había hablado en alguna ocasión con su mujer y dos de sus hijos mayores sobre donación y trasplantes. Tenía una buena opinión y les había dicho que, a su muerte, desearía donar cualquier órgano que pudiera ser útil para otras personas y luego le incineraran.

Media hora más tarde solicitamos a un médico y a una enfermera de inmunología que realicen una serie de análisis para asegurar que el donante no padece ninguna enfermedad contagiosa.

A las once se contacta con la Organización Nacional de Trasplantes por si existiera algún receptor en "código cero" . Es decir, alguien en cualquier punto de España que necesite con extrema urgencia un trasplante, ya que ese receptor sería prioritario. Contestan que no. Eso significa que podremos trasplantar en nuestro hospital hígado y riñones.

El CT organiza la extracción y cita en el quirófano a las doce a cirujanos, enfermeros y otros profesionales que durante cuatro horas participarán en la delicada donación.

Son poco más de las cuatro y tanto el hígado como los riñones son válidos y se introducen en tres recipientes estériles y refrigerados, listos para su posterior implante. La extracción ha finalizado y se despide a la familia que se traslada con su padre y marido al tanatorio.

Un poco antes, hacia las tres se había recibido el tipaje del donante. Con ese análisis se puede comenzar a buscar los receptores renales. Un programa informático seleccionará los más idóneos aplicando criterios de máximo beneficio y justicia, de tal forma que, a igualdad de identidades donante-receptor, cada riñón se trasplantará a los que lleven esperando más tiempo.

La llamada por teléfono al receptor es un momento mágico. Estaba dormido pero podemos comprobar como cambia su tono de voz y, antes de colgar, ya se está vistiendo para llegar sin demora al hospital. Es su día de suerte. Ansiaba que recibiría esa llamada, que parecía no llegar. Ya más tranquilos y en el hospital, uno de los receptores de riñón nos comenta que lleva cinco años en diálisis y casi había perdido las esperanzas del trasplante. Dice que esta es la mejor lotería y aunque con miedo, está convencido de que todo va a salir bien. Familiares y enfermeras le animan y felicitan.

Desde el Banco de Sangre confirman que hay disponibilidad suficiente de bolsas de sangre. Como los demás receptores vienen de camino, ya solo queda que cada unidad de trasplante y anestesistas fijen la hora de los trasplantes. A las seis de la mañana se trasplantará el hígado, órgano más vulnerable y más tarde los riñones.

Casi finaliza la tarde cuando acaba el último de los tres trasplantes. Han sido veinticuatro horas de prisas y tensión. Hemos conocido el dolor de una familia donante y la alegría de los trasplantados. Muchos profesionales del hospital han participado en cada uno de los momentos clave de la donación y de los trasplantes. Todos quedan cansados pero eufóricos, porque los resultados han sido excelentes. Y ahora a casa, a apaciguar la adrenalina que nos ha mantenido en vigilia durante tantas horas. Gracias a ti donante, sin aquella decisión nada de esto hubiera sucedido.

 

 

 

Sobresaliente en solidaridad

 

Los trasplantes de órganos son tratamientos de actualidad. Especialistas médicos y quirúrgicos tienen que recurrir a este tipo de procedimientos cuando enfermedades en órganos vitales no responden a otros tratamientos médicos. Cada año se hacen más trasplantes que el precedente, pero aún así se precisan muchos más. El número de trasplantes ha ido creciendo por el incremento de las donaciones y también porque los resultados de los trasplantes van evolucionando de forma muy favorable.

            Cuando desde fuera de nuestras fronteras se estudia el modelo español de donación y trasplante de órganos, profesionales, políticos y administradores sanitarios se sorprenden del crecimiento español en este campo de la salud, que resulta tremendamente llamativo, máxime cuando en otras parcelas de la medicina es con frecuencia más modesto. Y nombramos la palabra solidaridad, una de las claves del éxito, comunión de intereses entre sanidad y sociedad, como el argumento más importante. Pero además, es organización e interés de los profesionales sanitarios que colaboran con los trasplantes. Si el público dona órganos es porque tiene plena confianza en las actividades de los profesionales sanitarios y piensa que el fin, el destino de los órganos donados es el óptimo. Sólo van a donar familias que reconocen que el sistema sanitario les ha facilitado medios y profesionales competentes para solucionar su problema. Caso contrario, negaran la donación, callando o denunciando inconvenientes o malpraxis del sistema sanitario o de sus profesionales.

Por eso cuando pedimos dentro de los hospitales un trato profesional que incluya lógicamente juicios clínicos certeros, humanidad y celeridad en el tratamiento a todos los enfermos, estamos colocando bases sólidas para alcanzar esa confianza, que llegado el caso, va a facilitar el entendimiento con una familia que se está planteando la donación de órganos o tejidos con fines de trasplante.

            Cuando expertos  fuera de España, sugieren cambios legislativos continuados para aumentar las donaciones (consentimiento expreso o consentimiento presunto, registros de donantes o de no-donantes, ofertas económicas para los donantes en vida o para las familias tras la donación), están buscando vías alternativas a la solidaridad, pero que son vías muertas. Sin salida. Son ayatolás de la donación, extremistas, voceros, con mensajes poco reflexivos, que si bien cautivan la primera vez que se les escucha, aburren cuando se leen con detenimiento. Además en un mismo país no pueden coexistir sistemas que propicien la donación por solidaridad y donaciones por otras motivaciones. La confusión sería tan mayúscula que la donación por motivos solidarios tendería a desaparecer.

            No hay alternativas para conseguir aumentar el número de donantes que potenciar la información a la sociedad sobre trasplantes, pedir su participación y agradecer su colaboración en la donación.

Nuestra sociedad resalta, reconoce y premia, hechos notables obtenidos sin duda gracias al esfuerzo, tesón y dedicación de los propios actores pero que en la mayoría de las ocasiones tienen un beneficio poco concreto para los demás mortales. Así, destacamos algunos días de la semana los mejores goles, algunos meses, grandes premios literarios y algunos años, innegables éxitos en las olimpiadas. Sin embargo, quienes tratamos día a día con donantes de órganos de los que sus familias nos trasmiten que en vida decidieron con firmeza ser donantes, encontramos a personas maravillosas y a familias que tienen unos valores y unos méritos suficientemente sobrados como para que sean destacados y reconocidos por la sociedad. Son solidarios en grado de excelencia que facilitan con su decisión la continuidad de la vida.

Un aspecto a destacar del sistema español que regula las donaciones y los trasplantes es el anonimato. Nuestra legislación es clara y contundente: no se puede comunicar la identidad del donante a los receptores ni la de los receptores a la familia del donante. Parece injusto que los receptores no puedan conocer  a esa familia extraordinaria que gracia a la solidaridad de la donación mostrada en su dia les permite mantener salud y felicidad. Muchos receptores nos preguntan datos del donante. Quieren agradecer ese maravilloso gesto que les permite vivir de forma tan diferente. A veces nos traen fotos o escritos que desde la coordinación hacemos llegar de forma anónima a la familia donante.  Ese es uno de los motivos que nos animan a realizar en Málaga el monumento al donante anónimo de órganos. Persona desconocida pero sentida como cercana para los profesionales sanitarios y para los receptores de trasplantes a quien queremos testimoniar máximo afecto de forma solemne. Somos conscientes de la gratitud del receptor trasplantado y que si pudiera, la manifestaría de forma enternecedora a la familia de su donante que con la donación y el trasplante le permite seguir viviendo. Por eso, si no se puede conocer y agradecer cada donación en particular, hay que establecer fórmulas que hagan posible el agradecimiento global a los donantes.

Defendemos esta confidencialidad para evitar hipotéticos conflictos: familia donante cuyo hijo fallece atropellado por un conductor ebrio; si el receptor del trasplante fuera un enfermo que hubiera perdido su hígado propio por afición exagerada a la bebida y llegaran a conocerse, el choque de esa noticia para esa familia donante sería ciertamente doloroso. Incluso podrían dudar de la decisión de donación y la cara del receptor trasplantado se les confundiría con la del conductor homicida.

Por ello, es preciso mantener estos principios de anonimato y confidencialidad. El sistema lo necesita y las alternativas no aportan ventajas a la situación actual.

Las entrevistas que realizamos en el hospital a familias para preguntarles acerca de la donación son momentos de gran sentimiento. Algunas familias pueden haber perdido a un hijo, en condiciones imprevistas. Injustas. Que tan solo unas horas antes era un joven adolescente lleno de vitalidad con proyectos y que todo se desmorona de golpe en un hospital tras esa tremenda noticia. Pasados los primeros momentos, cuando lo natural es que predomine negación e incredulidad por la situación que les está tocando vivir, son capaces  de sobreponerse a su dolor y atender preguntas relacionadas con la donación. Son capaces de olvidarse de su dolor y pensar por unos momentos en el sufrimiento de otras personas, a veces  jóvenes como ellos, posiblemente también padres, que están llevando en silencio la cruz de una enfermedad crónica, latosa, con altibajos en la moral por los pronósticos cambiantes y a quienes se les ofrece la oportunidad de ayudar con la donación.

Son momentos difíciles porque son contradictorios y antinaturales. Porque la norma es que los hijos entierren a los padres y no que los padres entierren a sus hijos. Pero no hay alternativa. No tenemos otro momento ni otro escenario.

En cualquier caso, la donación de órganos debe seguir siendo una decisión voluntaria. Nunca pretenderemos que la donación pueda contemplarse como algo obligatorio, más o menos forzada. Antes al contrario, debe ser una decisión  libre y reflexiva tomada por el donante en vida y de acuerdo con los sentimientos de los familiares sobrevivientes. La tragedia vivida no se les olvidará nunca, pero el recuerdo de la donación les ayudará en cierto modo, a superar el duelo. Aunque el talante de ser donante y solidario trasmite felicidad,  no deseamos que todos sean donantes por decreto. Basta recordar aquel antiguo proverbio: no se puede obligar a nadie a ser feliz a la fuerza.


 

 

Trasplantes y deporte

 

            El estado de enfermedad crónica cuando afecta a órganos esenciales para la vida como corazón, hígado, pulmones o riñones, condiciona un debilitamiento permanente y generalizado que obliga al organismo a prescindir de actividades secundarias. Así, el ejercicio físico o las prácticas deportivas se ven muy mermadas en todos los enfermos crónicos.

            Sin embargo, cuando llega la curación gracias al trasplante que sustituye el órgano enfermo, se recobra el estado de salud global previo a la enfermedad, recuperando fuerzas y ánimo para realizar actividades antes impensables.

            Por este motivo, no sorprende que a los trasplantados se les recomiende practicar algún deporte. Primero, como una actividad que les permita estar en forma, recuperando la agilidad y la fuerza muscular perdidas por la enfermedad felizmente superada. Segundo, para mejorar algunos indicadores metabólicos y funcionales (glucosa, triglicéridos, presión arterial, HDL-colesterol) que, como a la población general, les conviene mantener normales. Finalmente, como un reto psicológico que les permita alcanzar un grado de rehabilitación tan ideal, que les lleve con actividades deportivas y de competición, a comprender que ya no son enfermos, sino personas trasplantadas.

            Para la población general, que apoya los trasplantes con una creciente actitud favorable a la donación, el deporte de competición realizado por trasplantados, ayuda en la concienciación hacia la donación, puesto que resulta más fácil hacer comprender que los esfuerzos de solidaridad y económicos con los que la sociedad apoya los programas de donación y trasplante, son realmente útiles y merece la pena su divulgación. En ésta línea, recordar también una obligación para toda la comunidad de trasplantados, para que a través del deporte y de cualquier otro medio, se movilicen y lleven a la población el mensaje de éxito y gratitud de los trasplantes.

            Recordar por último, que la introducción de la ciclosporina en la última década, y que en la actualidad reciben casi todos los trasplantados como inmunosupresor principal para evitar el rechazo, ha contribuido también a mejorar la calidad de vida de los trasplantados y ha facilitado, aún más, su integración social, permitiendo que actividades deportivas de alto nivel, sean posibles en un gran porcentaje de trasplantados y que cada día, sea más difícil reconocer a un trasplantado de otra persona sana, por haber alcanzado un excelente nivel de rehabilitación y bienestar, que les permite enfrentarse con más fuerza e ilusión a la lucha del trabajo diario y al reto de la competición deportiva.

 

 

Del milagro a la realidad

                 Desde tiempos remotos la humanidad ha buscado tratamientos milagrosos para solucionar enfermedades mortales de seguridad. Así trata la famosa leyenda medieval del milagro de los médicos Cosme y Damián, que trasplantaron una pierna desde un hombre recientemente fallecido a un moribundo. Este primer trasplante conocido logró salvar al enfermo y, por este y otros extraordinarios motivos, estos médicos fueron santificados. Numerosos artistas plasmaron este milagro e originales obras de pintura y escultura que podemos contemplar en museos de nuestro país.

            Han pasado muchos siglos desde entonces y, hoy, los trasplantes de órganos ya no son el milagro que buscamos médicos o enfermos en desesperada situación, sino que los trasplantes han alcanzado un gran nivel científico y son una realidad cotidiana.

            El nivel que la medicina ha alcanzado en áreas como la inmunología, cirugía y especialidades médicas, permite actualmente asegurar supervivencias con trasplantes de hígado y corazón alrededor del 80% al cabo del primer año y del 89% para los trasplantes de riñón.

            El rápido progreso adquirido con los trasplantes ha conducido a la aparición de nuevos retos y el principal está lógicamente relacionado con la escasez de órganos. La disparidad entre numero de órganos y número de posibles beneficiarios tiende a crecer en nuestro país. Esta falta de órganos es un problema mundial, más llamativo en países desarrollados con programas de trasplante consolidados; pero también es un problema en países menos desarrollados donde, pese al retraso económico y tecnológico, los trasplantes podrían ser la solución para tratar enfermedades como la insuficiencia renal crónica.

            Esta situación de escasez provoca discusiones científicas para seleccionar a los que van a integrar la lista de espera y su  grado de urgencia. En esta situación, los principios éticos que manejan los comités de valoración para trasplantes de órganos están basados en criterios exclusivamente médicos. El trasplante pretende ser útil al enfermo independientemente de criterios subjetivos como posición social o económica. Los éxitos de los trasplantes de órganos y tejidos precisan de una eficaz difusión a la población para que entiende que el generoso y anónimo esfuerzo que se les pide con la donación va a representar  un espectacular cambio de vida para enfermos desahuciados o que se mantienen gracias a tratamientos costosos y sólo parcialmente eficaces.

            La mayoría de las donaciones para trasplantes proceden de donantes fallecidos, si bien en algunos casos se realizan con órganos donados por familiares vivos. El trasplante de donante vivo más habitual es el de médula ósea, la mayoría de donantes emparentados. Sin embargo, cuando no se encuentran donantes compatibles en el entorno familiar es preciso encontrar uno idóneo entre millones de personas que en vida se han ofrecido como donantes de médula.

La lista de espera para trasplante de riñón en España incluye también niños. Actualmente son casi 50 y representan un grupo que nos preocupa a los profesionales relacionados con los trasplantes. La urgencia con la que el trasplante les debe llegar no es comparable al tiempo que puede soportar un adulto y, así, sentimos cómo con la demora del trasplante, estos niños cambian física y psicológicamente. Con el paso del tiempo se hace difícil encontrar explicaciones razonables para que entiendan porque no llega su trasplante. Aquella esperanza que cánido entraron en diálisis les hicimos ver que era la puerta de salida de esta injusta y cruel enfermedad.

            La donación de órganos tiene que calar más en la sensibilidad de la población. Sabemos que no se modifican las conductas sociales en tiempos cortos. Se necesita tiempo, mucho tiempo para que se acepte mayoritariamente una generosa utilización del cuerpo humano recientemente fallecido como una forma bien entendida de reciclaje valioso para luchar por la salvación de otras vidas.

            Uno de los objetivos que nos planteamos es si duda igualar actitudes favorables al trasplantes y a la donación.

            Finalmente, tanto la sociedad como la comunidad trasplantadora tienen que encontrar fórmulas para incrementar las donaciones. Tenemos todavía una elevada proporción de donantes útiles que no donan por negativa familiar y, en la mayoría de los casos, coincide que el fallecido no realizó ningún comentario sobre la donación. Para acabar con esta situación basta decir en nuestro ambiente familiar con voz alta: "si a la donación". Sólo así podemos asegurar la continuidad de los programas de trasplantes y al salvar con cada donante a un puñado de vidas, estaremos más cerca de una sociedad más unida, justa y solidaria.


 

Salvavidas

             Hoy se conmemora en toda España el día del donante. Con este motivo resulta gratificante recordar los cambios y los logros relacionados con la donación que se han producido en nuestra sociedad. Una gran mayoría de nuestra población aprueba la donación y trasplantes de órganos y está dispuesta a colaborar con la donación de sus propios órganos en caso de que se le solicite. Esta afirmación es, en el momento actual, una realidad en todo el país y también en nuestra provincia. El pasado año se realizaron un total de 430 trasplantes en los hospitales de la provincia de Málaga; de los que 106 fueron trasplantes de órganos (riñón, hígado y páncreas) y el resto de diferentes tejidos. Gracias a esta rápida concienciación social, España ha podido duplicar en tan sólo ocho años los índices de donación de órganos. Por ello, nuestros conciudadanos tienen que saber que las posibilidades de trasplantarse hoy en España de riñón, corazón o hígado, por ejemplo, son dos a tres veces mayores que las que tienen gentes de cualquier país Europeo o Norteamericano. Y este mérito lo tiene que capitalizar la sociedad española que está proporcionando con su solidaria actitud los órganos y tejidos imprescindibles para realizar tratamientos con trasplantes.

El día del donante viene a ser de reconocimiento a la solidaridad de los donantes y a la entereza de sus familias. Ellos, en momentos particularmente difíciles de la vida, fueron capaces de reflexionar y valorar el acto de la donación. Cada día es mayor el número de personas que comunican a sus familiares su opinión favorable a la donación de todos sus órganos cuando ya no le sean necesarios. Con esa actitud positiva admiten la donación de órganos como un compromiso social, libremente aceptado y  se sienten partícipes de la curación de niños, jóvenes o adultos que esperan el tratamiento con trasplantes como la última solución para recuperar salud y bienestar.

Otro de los motivos que nos animan a escribir estas consideraciones son los recuerdos de las familias donantes que, con frecuencia, nos trasmiten a los profesionales sanitarios y a los coordinadores de trasplante. Siempre son recuerdos positivos hacia la bondad y generosidad del que compartió su vida  y del que ahora perciben no sólo su presencia espiritual sino también física. Saben que parte de sus seres queridos siguen vivas y útiles en otras personas desconocidas pero cercanos en cariño y gratitud hacia él.

Recientemente nos recordaba un trasplantado de riñón que lo más maravilloso que le había sucedido en toda su existencia era el regalo de vida que le había llegado el día del trasplante. Sólo habían pasado dos años desde la operación. Recordaba esa fecha como su segundo cumpleaños y seguía vivo con ilusión y esperanza gracias a su donante de quien solo conocía edad y el sexo, pero que le imaginaba casi real, amigo anónimo, integrado en su propia familia. Sentía también compasión hacia la familia del donante por la pérdida sufrida y una inmensa gratitud por haberle dado esta segunda oportunidad en la lucha contra su enfermedad crónica. Pedía conocerles para poder manifestarles directamente sus sentimientos y mostrarles como había cambiado su vida y la de su familia.

La segunda consideración que quisiéramos compartir con el lector es la importancia que tienen los trasplantes para la gran mayoría de nuestra población que, en el presente, goza de extraordinaria salud y que le puede parecer un asunto ajeno. Es verdad. Sin embargo, la salud es un estado a veces frágil que el azar u otros factores pueden debilitar bruscamente y pasar de ser meros espectadores que apoyan la donación y el trasplante a ser potenciales beneficiarios de estos tratamientos. Si vivimos en una sociedad solidaria, que entiende de forma clara y mayoritaria que para conseguir realizar mayor número de trasplantes es preciso colaborar con una actitud positiva hacia la donación, podremos estar absolutamente seguros que cualquier persona que en algún momento precise de la solución trasplantadora, va a verse agraciada con un trasplante en el menor tiempo posible. Esta simplicidad del hoy por ti mañana por mí  o por mi familia, es la base de la solidaridad de una sociedad avanzada como la que pretendemos edificar y que nuestros descendientes hereden.

            Tomar la decisión de ser donante es una actitud responsable y valiente que reafirma los valores más superiores de la persona humana y  que permite asegurar la continuidad de los tratamientos con trasplantes.

            Para que estos deseos se puedan realizar no se debe olvidar compartir la decisión de ser donante con nuestra familia más próxima. Ellos garantizarán, si llega el caso, que se pueda cumplir la opción de la donación y la continuidad de la vida. Por ello, te animamos a contestar, hoy mismo, en tu ambiente familiar y en voz alta:  sí a la donación y a los trasplantes.

Finalmente, ¿cómo seguir apoyando los logros actuales en donación y trasplante?. Por parte de la sociedad, con un sostenido y creciente apoyo a la donación. Por parte de los profesionales sanitarios, con mejores actitudes de comprensión hacia los enfermos y sus familias que esperan una respuesta profesional satisfactoria y humana a sus problemas de salud. Por parte de las administraciones sanitarias y de nuestros políticos, con un continuado  y decidido apoyo a la realidad actual de los trasplantes de órganos y tejidos manteniendo los recursos humanos y financieros suficientes para que España siga siendo un referente mundial de primer orden en donación y trasplantes.

 

 

Engranaje de solidaridad

 

Celebramos los primeros mil trasplantes de riñón realizados en el Hospital Regional Carlos Haya. Es una buena noticia para todos y en especial para quienes muestran preocupación por la salud y los avances de la medicina actual. Así, es oportuno destacar una vez más el éxito, tanto en número como en resultados, del tratamiento con trasplantes en nuestros hospitales. Y éste no es un acontecimiento aislado. De forma continuada se baten marcas que  a  principio de cada año nos parecen imposibles y nuestro Hospital Carlos Haya ha superado también el centenario en  trasplantes de hígado, implantes de córnea y aloinjertos de médula ósea. Todo ello gracias a que los donantes efectivos de órganos pasan del medio millar.

A los profesionales sanitarios nos satisface muchísimo poder atender las crecientes necesidades de tratamientos con trasplantes con menores tiempos de espera. Y esta realidad es posible en función de la confianza que nos otorgan dos de los principales protagonistas del trasplante: donantes y receptores.

Gracias a la colaboración de todos los profesionales sanitarios que participan en los programas de trasplantes, estamos en niveles superiores a otros países europeos o norteamericanos que realizan poco más de la mitad de trasplantes (por millón de población) porque su número de donantes es notablemente inferior al de nuestra Comunidad.

No existen apenas límites para ser donante. Superada la barrera de la edad, sólo algunas enfermedades contagiosas impiden el trasplante y, llegado el momento de la donación, se realizan exhaustivos estudios de los órganos y tejidos susceptibles de donación. Sólo se trasplantan aquellos con garantía de funcionalidad.

Pero, ¿cómo explicar el importante número de trasplantes de órganos en el momento actual?. Es difícil explicarlo con un único argumento. Con seguridad que influyen muchos factores. Uno es resultado directo del número de donantes. Sin embargo, aunque la mayoría de la población tenga firmemente decidido el deseo de donar: acabar nuestros días y ser donante de órganos es ciertamente difícil. Es preciso que el fallecimiento se produzca en una Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital y a consecuencia de un proceso que desencadene un deterioro completo e irreversible de todo el cerebro. Tan solo el 5% de los fallecimientos ocurren en estas circunstancias. Por eso, aunque toda la población fuera realmente donante, sólo se podrían utilizar para trasplante los órganos de una selecta minoría. Otros factores están directamente relacionados con el entusiasmo y la profesionalidad de todos los trabajadores del hospital, quienes, dentro de la responsabilidad de cada uno, aplican sus conocimientos y sus actitudes para poder realizar con éxito las complejas y delicadas operaciones de trasplante.

Estamos en el buen camino. La población de nuestro entorno es solidaria con un creciente nivel de concienciación que facilita la donación de órganos y tejidos para trasplante. En el fondo de esta situación tan favorable tenemos que reconocer que disfrutamos de un elevado grado de confianza. La sanidad pública española tiene una categoría notable y, en el caso de los trasplantes, facilita este sofisticado tratamiento a todos los que lo precisan sin distinciones basadas en razones subjetivas. Y ese buen ambiente facilita, a su vez, la decisión de la población que asume ese compromiso de solidaridad materializado con la donación. El mejor regalo.

Los profesionales sanitarios que actualmente trabajamos en España en tratamientos con trasplantes, estamos  de enhorabuena porque tenemos un buen nivel de donación que es el elemento indispensable para ver con carácter inmediato la rehabilitación y calidad de vida que alcanzan los trasplantados. Aquellos enfermos cuya vida dependía de un hilo, de un gesto, de un órgano sano,  salen del hospital con una cara nueva reflejo de la felicidad del que deja atrás temores y, a veces, desesperanza.

Preguntaba no hace mucho a un grupo de trasplantados qué pensaban ahora de la donación de órganos. Y al unísono, todos coincidían que entregarían cualquier parte útil de su cuerpo cuando su vida se acabe. Y lo veían tan natural que fruncían el ceño si me atrevía a comentar la sospecha de algún indicio de egoísmo o desinterés. Y de verdad que lo hacen. Tenemos varios ejemplos de trasplantados que cuando fallecieron en el hospital fueron donantes y dieron la vida a otros.

El progreso en medicina es cada día más evidente. En el campo de los trasplantes la sociedad asume de forma clara estos avances y se involucra en estos nuevos tratamientos aceptando la donación de órganos. En este mutuo compromiso entre la sociedad y los profesionales sanitarios, declaramos firmeza en el respeto a los principios éticos y de moralidad en todas nuestras actuaciones que busquen el equilibrio de la justicia y el beneficio terapéutico dentro de la dignidad y la libertad de las personas. Estos son valores irrenunciables en nuestras relaciones con la donación y los trasplantes.

La donación es el primer engranaje de la cadena solidaria de los trasplantes. Solidaridad altruista y anónima que permite que la vida de otros siga cuando la nuestra se acaba; que facilita el reciclaje de órganos y tejidos vitales e imposibles de obtener por otras vías; que permite a muchas familias sobreponerse por un momento al propio duelo para evitar otros lutos.

La trascendencia de la donación y de los trasplantes es universal. Todos, absolutamente todos, podemos vernos en algún momento de nuestras vidas como posibles receptores de un trasplante y esta posibilidad teórica debería animar a que aceptemos del mismo modo la donación como una característica de honradez ante la reciprocidad del gesto solidario.

Además, los trasplantes son tratamientos que saltan la barrera de los convencionalismos sociales y facilitan la concordia en un mundo sin fronteras: donantes católicos ceden órganos para trasplantar a enfermos musulmanes, corazones de donantes de raza negra laten en trasplantados blancos, pulmones de políticos de derechas vuelven a respirar en receptores de otras opiniones políticas. Se muestra así, de forma contundente, el engranaje solidario de la donación  y que muchas diferencias entre las personas son insignificantes comparadas con las características que nos unen.

Si quieres seguir participando en el éxito de los trasplantes intégrate ahora en la corriente de la donación. Es de sentido común.

 


La otra cara de los trasplantes

Resulta fácil hablar de los enfermos trasplantados que recuperan salud y normalizan su vida después de recibir un órgano vital que les hace olvidar, tanto a ellos como a sus familias, los rigores de la enfermedad y por lo tanto la pérdida de salud (uno de los bienes más preciados y elemento fundamental de la felicidad).

Los trasplantados son el éxito. La cara amable y sonriente de los trasplantes. Es de lo que más nos gusta hablar a los sanitarios y a los medios de comunicación. Titulares como: "Carlos Haya realiza 99 trasplantes de riñón". "Los trasplantes alcanzan el 90 % de supervivencia al cabo del primer año" . Son ejemplos de mensajes positivos que animan a la población a apoyar estos éxitos de la moderna medicina de los trasplantes que, sólo en España, consiguen que más de tres mil personas cada año puedan continuar con una vida saludable y activa.

Sin embargo, hablar de trasplantes obliga también hablar de donantes. Sin ellos no sería posible realizar estas complejas operaciones. Y detrás de cada donante hay siempre una tragedia. Una historia bella que acaba fatal. Bien sea por accidente o por enfermedad, el caso es que todos los donantes de órganos terminan su vida de forma brusca y violenta. Y en ese contexto innatural, si quieren Vds. incluso inhumano, tenemos que plantear la opción de donación a las familias de los donantes. Accidentes laborales o de tráfico; hemorragias cerebrales y ahogamientos son las circunstancias comunes a la mayoría de los donantes de órganos aquí en Málaga, como en España o en el resto del mundo.

A los coordinadores de trasplantes aún habituados -en teoría-, a tratar con estas tragedias, en ocasiones desbordan también nuestros sentimientos, porque nos ponemos en su lugar; con esos padres que han perdido un hijo con una edad parecida a los nuestros; hijos que han perdido a un padre con una edad próxima a la de nuestros padres; cónyuges o hermanos en idéntica situación. Y aunque el tiempo que en general se dispone para formalizar la donación y comenzar la extracción es limitado, nos sentimos unidos a esas familias rotas por el dolor y que están bloqueadas por que la muerte se ha cruzado en su destino. Están pasando por una experiencia que les parece insuperable, nos dicen que la vida también ha acabado para ellos. Nos hablan de cómo era el fallecido, de sus estudios, de sus progresos, de sus cariños. Y la mayoría de las veces no tenemos palabras de consuelo o si balbuceamos algo, sospechamos que debe de ser de poca ayuda porque apenas apartan la vista del suelo ni encontramos rasgos de alivio en sus tristes expresiones.

Pues bien, en esos escenarios hay que plantear la donación. No hay otro momento ni segundas oportunidades. Por ello es importante tener claridad de ideas  y de decisiones en frío, dar a conocer a las familias nuestra decisión, nuestra opinión y parecer sobre la donación y los trasplantes. Aunque solo sea por facilitarles parte del trago tan gordo en esos momentos y para que ellos recordando ese testimonio favorable a la donación puedan decidir con seguridad , con orgullo y con serenidad acerca de la donación de órganos.

Ese trato con las familias de donantes nos llevó a la decisión de levantar en Málaga el Monumento a los Donantes, verdaderos héroes del trasplante. Soldados desconocidos para batallar contra las enfermedades violentas sin solución alternativa.

Por eso hoy no vamos a hablar de los trasplantados y solo tendremos recuerdos para ensalzar la memoria de los donantes y para confortar a las familias que con la donación de sus órganos facilitaron la continuidad de la vida cuando el destino truncó su trayectoria vital.

En la inauguración del monumento y que se invitaron a unas trescientas familias donantes  pudimos comprobar la gran asistencia de muchas caras conocidas. En algunos casos de donantes recientes pero en otros de incluso diez años atrás. Lamentábamos no recordar los nombres en la mayoría de los donantes aunque con la ayuda de muchos rehacíamos los recuerdos y sentimientos. Lo que más nos sorprendían eran esas madres que expresaban su pena por la muerte de su hijo como el primer día y es que desgraciadamente la muerte de un hijo nunca se olvida. Los psicólogos lo comentan más técnicamente: el duelo por la pérdida de un hijo es el dolor máximo, desgarrador e insuperable. Y encima esas muertes sin una enfermedad previa que durante meses o años te hubieran puesto en situación, que incluso por un cáncer o alguna malformación congénita le hubieras visto sufrir en vida, percibido el guiño de la muerte y hubieras incluso deseado que acabara su tormento. Pero en los casos de los donantes la mayoría son siempre gente sana, en activo, en sus mejores momentos de su proyecto vital.

Por ello hoy cerramos los actos del Monumento a los Donantes que abrimos hace casi tres años. Por entonces no sabíamos si seríamos capaces de ver en Málaga una escultura singular como la que actualmente se yergue en la plaza de la Solidaridad de Málaga y que tan bello recuerdo nos trae a todos los que creímos que era un proyecto alcanzable.  El monumento, fiel a su etimología, deberá cumplir las funciones de advertir y alertar ante el público que la donación de órganos tiene que calar en la sociedad como una actitud positiva que no debe ser olvidada.

Con este símbolo público de la donación y de gratitudes queremos que nuestra sociedad alcance niveles de excelencia en solidaridad y en conciencia social hacia la donación de órganos a la espera que una optima educación en valores permita a nuestra juventud, a nuestros sucesores, mejorar el legado que ya está creciendo y facilitando ahora el acceso a los trasplantes antes y en mejores condiciones para todos los que lo necesitan.

Anímate tu también y únete a la legión de donantes de órganos. Si nos ayudas con tu favorable decisión, estarás participando en la construcción de la más bonita red de solidaridad.

 

 Monumento a los donantes

         ¿ Has pensado alguna vez en hacer testamento ?. Seguro que sí. Sin embargo, la mayoría no lo tenemos porque no es grato hablar del tema  por aquello de no enfrentarnos a nuestra propia muerte. Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente económico, es un asunto de gran interés por las repercusiones que conlleva. Por tanto, si por el momento no quieres hacer testamento, al menos asegúrate de las consecuencias de tu decisión.

Con esta misma introducción podríamos hablar de donación. Casi la mitad de las familias que entrevistamos en los hospitales para ofrecerles la opción de donar órganos nos comentan que su familiar fallecido nunca les había transmitido su decisión respecto a la donación de sus órganos. Es natural que nadie quiera pensar en la propia muerte; pero donación también significa vida, solución terapéutica para muchas personas que padecen enfermedades que sólo pueden resolverse con trasplantes y estarían condenados a morir si no les llega a tiempo una donación. Y cual es la alternativa: nada. Inhumación o incineración: destrucción progresiva de nuestro cuerpo tan querido, en ocasiones tan cuidado y que se transformará progresivamente por inexorables leyes naturales.

La situación actual de la donación y trasplantes de órganos en Málaga es buena aunque no óptima y, sin duda, mejorable. De cada cinco familias a las que solicitamos donación de órganos, cuatro nos dicen sí.  Con su valiente decisión donan y ayudan a otros seres humanos desconocidos quienes, con un sentido solidario y recíproco, estarían dispuestos a ayudar también si se encontraran en idéntico escenario. Es un motivo de orgullo para los profesionales de la salud que Málaga se encuentre entre las provincias más solidarias en relación con donaciones de órganos, tejidos y sangre.

Las causas por las que perdemos donaciones son cada vez menos concretas. Quizás prisas y egoísmos pero, sin duda, desinformación. La población tiene gran confianza en nuestro sistema público de salud y una buena opinión de los profesionales sanitarios que, aplicando tecnologías nuevas y eficaces, marcan diariamente la diferencia entre la vida y la muerte para miles de enfermos graves. Hoy, como cada día, una media de diez personas tienen en España una segunda oportunidad de vivir gracias a que reciben en hospitales públicos y en igualdad de condiciones un trasplante de órganos. Esta es una característica que nos hace diferentes respecto a otros países ricos y desarrollados y empuja a que España sea, un año más, líder mundial en donaciones y trasplantes de órganos.

Cuando una familia dice no a la donación puede que no esté bien informada, que no esté conforme con el trato médico recibido o desconozca el tema. Pero los miles de trasplantes que Carlos Haya ha realizado en los últimos 20 años son un testimonio de gran valor. Con frecuencia el boca a boca y el conocimiento de algún trasplantado entre familiares o vecinos son el factor determinante para que una familia concreta se decida a donar. Por ello estamos muy interesados en transmitir la situación actual de la donación y el trasplante para mejorar y para que todos, absolutamente todos, los que necesiten un trasplante puedan disponer de una rápida y segura solución. Seamos mayoritariamente donantes y viviremos en un entorno solidario y además asegurados a todo riesgo si por algún "siniestro" nos dicen que necesitamos un trasplante. Apliquemos al concepto de donación de órganos el equivalente a testamento de solidaridad.

Por todo, te pedimos que apoyes la donación de órganos, de tejidos y de sangre y, si tienes dudas, pregunta en los hospitales, pregunta a los trasplantados y a sus familias, habla también con familias de donantes. En cada circunstancia tendrás argumentos para que tomes la decisión de comunicar a tu familia que tus deseos son favorables a la donación.

El Monumento a los Donantes que hoy se inaugura y que ha sido colocado en la plaza de la Solidaridad de Málaga es mucho más que un símbolo urbano. Va a representar el nexo de reconocimiento y gratitud entre muchas personas. Primero entre las familias de los donantes y los trasplantados que, por razones legales y lógicas, no van a poder conocerse y expresarse la gratitud y admiración por aquella valiente decisión de donación que les permite seguir disfrutando de un bien tan preciado como la salud y, también, porque la ciudad quiere rendir honor a sus héroes. En este caso, para la mayoría serán desconocidos pero han tenido una gesta muy hermosa y han finalizado su ciclo vital ayudando a sobrevivir, dando una oportunidad a otros cuando a ellos el destino les golpeó de improviso y anticipadamente. Este monumento es un reconocimiento también a las organizaciones y a las personas que realizan esfuerzos para que la sociedad sea más tolerante, solidaria y llena de valores; a los sanitarios que dedican su vida profesional a tratar enfermos superándose con la aplicación de tecnologías de vanguardia cada vez más sofisticadas y complejas pero siempre acompañadas de humanidad y respeto.

 Finalmente, dedica un momento de reflexión hacia la donación de órganos y únete a nosotros para ensalzar el recuerdo de nuestros queridos donantes.


 

Héroes

Las personas que en vida deciden ser donantes de órganos o de tejidos con fines de trasplante, deberían ser acreditados como héroes. Lamentablemente,  esta sociedad  no reconoce lo suficiente el valor de la donación de órganos como gesto solidario de extraordinaria utilidad social.

Muchas personas son capaces de poner en peligro su vida ante desgracias ajenas. Algunos porque eligieron profesiones de riesgo (bomberos, defensores del orden público, sanitarios, etc); otros porque se sienten impulsados a ayudar ante imprevistos sucesos que precisan auxilio (ahogamientos, incendios u otros accidentes). Para todos ellos la sociedad tiene recursos que reconocen ese valor que permitió o intentó la continuidad de la vida en circunstancias verdaderamente adversas.

En este sentido, los donantes de órganos son también personas especiales, son nuestros héroes. Ninguno habrá dado su vida por salvar la de otros, pero con su decisión o la de su familia, han permitido que con los órganos donados la vida continúe a través de operaciones de trasplantes. En este ciclo de vida-muerte-vida, los trasplantes pueden mejorar la vida o incluso salvarla, a miles de pacientes cada año.

Con la donación, ¿tanto se pide?. Si lo miráramos sin pasión no parece algo desproporcionado. Al fin y al cabo solo se piden ciertos órganos cuando su propietario ya no los necesita. Por ello, la donación de órganos debe ser considerada por todos los ciudadanos como algo lógico y consustancial en su vida. Y como en la práctica, fallecer y donar es una combinación excepcional al alcance tan solo del tres por ciento de la población que fallece en un hospital, debe ser contemplado por la sociedad como de carácter único, impagable y premiado con algún tipo de reconocimiento entre los más prominentes de la escala social.

            La solidaridad de la donación es la única oportunidad para facilitar la continuidad de la vida. Por ello tenemos que buscar fórmulas que destaquen el valor del donante y de su familia cuando hay una donación. A las familias que entrevistamos y se les ofrece la opción de donar órganos, siempre les decimos que si prefieren, puede ser un acto discreto e íntimo, solo conocido por las personas que ellos decidan. Sin embargo, les hacemos ver que si optan por la difusión nos parece la mejor decisión. Algunos donantes enterrados o inhumados en el rito católico, los ministros religiosos destacan en sus honras fúnebres entre sus múltiples cualidades, su última acción: la donación. Es un loable epílogo a una vida que puede haber destacado por infinidad de méritos, esfuerzos y logros y que la población debería valorar como algo grandioso y digno de emular ya que con la donación de órganos completa la parte más valiosa de su herencia.

            Con frecuencia estamos en momentos críticos que nos obligan a solicitar mayor predisposición a la donación de órganos. Cada año crece el número de enfermos que se pueden beneficiar con tratamientos de trasplantes. A los ya clásicos injertos de riñón, hígado y corazón, se han unido en la ultima década, trasplantes de páncreas, pulmón, intestino e islotes pancreáticos. Gracias a todos los donantes de nuestro entorno, los pacientes que esperan un trasplante en Málaga, tienen una demora en cierto modo controlada, pero que ellos y nosotros la sentimos casi eterna. Por ello, tenemos que llamar la atención sobre la necesidad de más donaciones. Es preciso que para quienes esperan una operación de trasplante ésta llegue antes, porque las posibilidades de éxito son mayores y la recuperación más rápida. En ocasiones, con algunas noticias de trasplantes podemos dar la impresión de triunfalismo, que rozamos el éxito; pero si faltan donaciones, es imposible mantener la continuidad de estos peculiares tratamientos y ciertamente, puede condicionar cierto grado de desconfianza en algún segmento del público.

            Que duro sería llevar a gente que no secunda la donación a un hospital infantil. Allí le mostrarían a un niño que espera un trasplante de pulmón y le dirían: mírele a los ojos y piense que su vida puede acabar pronto porque personas como Vd. desaprueban la donación de órganos. No buscamos hacer donantes a la fuerza, incluso entendemos que decidir en vida sobre la donación tropieza con el concepto negativo de que para ser donante es preciso que una persona muera. Esta fatalidad hace que algunos trasplantados sienten pena e incluso culpabilidad cuando buscan fórmulas para agradecer a sus héroes donantes el regalo de vida que les ha permitido recuperar ese aliento y esperanza casi perdidas.

            Para convencer a los escépticos de la donación, ofrecemos rigor y transparencia en todos los pasos del proceso de donación y trasplante. Aseguramos que las intervenciones quirúrgicas sobre el donante serán realizadas con el máximo respeto y cariño. Que la distribución de los órganos donados se hará entre los que esperan con criterios de máxima beneficencia y justicia. Que cuando una persona o una familia tome la decisión de donar, pondremos el máximo esfuerzo y todo nuestro compromiso para que el recuerdo de la donación facilite ese duelo que ahora se inicia.

            Simplemente con decir en voz alta en el ambiente familiar, si a la donación, y si a los trasplantes, podremos asegurar la continuidad del Programa de Trasplantes y, al salvar con cada donación a un puñado de vidas, estaremos más cerca de una sociedad más unida, justa y solidaria.

Hoy, día internacional del donante, queremos homenajear a todos los donantes de órganos, que con su decisión facilitaron la continuidad de la vida. Y como es de justicia reconocerlo, invitamos a todos los malagueños a rendir homenaje al héroe donante de órganos. Héroe anónimo, pero no olvidado. Héroe querido por los receptores y por los profesionales sanitarios que han podido acabar con penosas e incapacitantes enfermedades gracias a ese órgano que una familia solidaria puso en sus manos.

 

Más donantes, por favor

             Es excepcional escuchar opiniones contrarias al trasplante y a la mayoría le parece acertado, correcto o lógico que sean erradicadas cada año más enfermedades con estos tratamientos de éxito. Incluso que ciertos impuestos puedan subir si su destino es mejorar la sanidad. De ello se infiere que la salud es una preocupación prioritaria y hay que buscar donde sea, remedios ante posibles enfermedades. Sin embargo, en lo relativo a los trasplantes tenemos un problema. El crecimiento de las necesidades de trasplantes es imparable y nuevas técnicas y modernos inmunosupresores permiten acceder a ellos a personas de mayor edad y con otras enfermedades asociadas. Y aquí surge la paradoja: a todos les gustaría recibir, si llegara el caso, algún trasplante pero, no todos están decididos a ser donantes. En el momento actual y con supervivencias cercanas al 90% los trasplantes merecen un sobresaliente, pero sólo podemos puntuar con un notable alto a las donaciones.

Así, no se entienden actitudes contrarias a la donación de órganos de personas fallecidas, cuando de verdad se pueden desarrollar actos de generosidad y solidaridad hacia enfermos, algunos desahuciados, a quienes la mala fortuna les ha mellado la salud y sienten que ni con dinero, contactos  o desplazamientos pueden recuperar salud y bienestar. Y además, si se mira desapasionadamente, que poco cuesta ceder algo que tras la muerte apenas tiene ya interés.

No podemos seguir impasibles ante actitudes que dan la espalda a valores que deberían ser principios básicos en la educación de personas que conviven en una sociedad calificada de avanzada. Y lamentablemente, en algunas ocasiones estos principios no se contemplan y aparecen  actitudes de ingratitud, codicia, egoísmo o conformismo. Así no se progresa.

Preferir la destrucción de los órganos tras la muerte antes que le cesión altruista con la donación no debería ser hoy día de recibo. La donación no aportará  nada material pero si  innumerables sensaciones de corte espiritual que ayudarán a superar el duelo. Un grado de excelencia en convivencia social estaría al alcance si en nuestra ciudad una mayoría de la población  toma opciones por la donación. Es preciso revalidar una escala de valores que diferencie lo fundamental de lo superfluo, donde se de la importancia que se merecen actitudes solidarias que en momentos clave puedan facilitar decisiones con efectos perdurables y de elevada categoría social.

¿Estamos fallando al solicitar la donación de órganos recurriendo en exclusiva al altruismo y solidaridad?. Seguro que no. El modelo español de donación y trasplantes, aún siendo insuficiente, es el más eficiente y equitativo de todos los que funcionan actualmente. Sin embargo, es lógica la tristeza que nos embarga cuando alguien muere esperando un trasplante y este fracaso debería ser asumido por los tres pilares que sustentan las donaciones: administración, profesionales sanitarios y sociedad. 

Para atajar estas incertidumbres sobre la falta de órganos para trasplantes no veo otra forma que educar e informar. Jóvenes y adultos, pero principalmente los primeros porque sus expectativas de colaboración son mayores y, si sus opiniones son favorables, con su convicción transformarán las de sus familias.

Reflexionemos pues y hagamos prevalecer generosidad y solidaridad sobre individualismos. La donación de órganos precisa que nuestra sociedad se identifique más y mejor con esta situación sanitaria incapaz de hacer más trasplantes sólo con modificaciones presupuestarias, con más profesionales o más hospitales. Conseguir un mayor número de trasplantes obliga a implicarnos más con la donación.

Reflexiona un momento por favor y descubre cosas simples que tu puedes hacer por mejorar la donación de órganos en tu entorno. Seguro que puedes. Con múltiples pequeñas ayudas se avanzará y el progreso en donación y trasplantes quedará arraigado como algo natural, como una obligación moral.

Incluso podría llegar un día que se alcanzara un consenso social contra la negativa a la donación. Esta es mi utopía y para la que solicitamos ayuda entre gente comprometida con cambiar minoritarias aunque siniestras tendencias que no estiman esa posibilidad que se les brinda de cambiar muerte por vida. Políticos, filósofos, psicólogos, sociólogos y líderes de opinión tienen ahora una oportunidad para contribuir a este cambio de mentalidad que haga posible un reconocimiento de la donación como algo normal, lógico y querido, alejado ya de los titulares o noticias que mencionen la donación de órganos como un suceso infrecuente, como algo heroico para que pase a ser una decisión íntima de gran valor social dentro de la razón porque vencerá el poder de la necesidad de los trasplantes y perderá el cinismo del individualismo ante un problema de grandes dimensiones y sin solución alternativa a la donación altruista y solidaria.

Finalmente, no siempre hay que asociar muerte y donación. También se necesitan donantes en vida. La médula ósea, riñones e hígado son las donaciones más frecuentes. Las de riñón e hígado casi siempre con donantes del entorno familiar. En el trasplante de médula ósea se exige una identidad inmunológica que sólo aparece en la mitad de las familias estudiadas. Por ello, en ocasiones los donantes de médula ósea son gente desconocida que en su momento decidieron inscribirse en un registro de donantes. Así de fácil. A la mayoría nunca les llamarán porque no será necesario, pero alguno recibirá por sorpresa esa llamada a la solidaridad. La médula ósea del donante será necesaria para que enfermos con leucemia o ciertos tumores puedan regenerar sus células sanguíneas y que vuelva a funcionar su inmunidad. Apúntate también a la donación de vivo. Necesitamos más donantes.