“EN MEMORIA DE NUESTROS DONANTES”
Guía breve de ayuda a sus familias

8. Formas de reaccionar al inicio del duelo

         Cada persona siente el duelo según su idiosincrasia, personalidad y recursos personales. Es evidente que el grado de la pena, su intensidad y su duración varía según la personalidad de cada uno. Depende mucho del ambiente donde se ha crecido, de los condicionamientos sociales y de las características del suceso: a quien afecta y cómo se ha producido. La intensidad del duelo no depende de la naturaleza de lo perdido sino del valor que se le atribuye.

Con estas vehementes imágenes Jackson intenta describir lo más gráfica y realista posible las sensaciones al comienzo del duelo:

 "Duelo es una joven viuda que ha de pensar como sacar adelante a sus tres hijos sola.

Duelo es la cólera de un hombre tan desconcertado por la incertidumbre y confusión que explota con la primera persona que encuentra. Duelo es la viejecita que va al funeral de un desconocido y en el cementerio llora por si misma, por cuando llegará su día, para el que nadie la está ayudando a prepararse. Duelo es una madre que va todos los días al cementerio para permanecer algunos momentos en silencio antes de comenzar las tareas cotidianas. Duelo es el vacío que sientes cuando estas solo a la mesa después de haber comido durante años con otro. Duelo es acostumbrarse a ir a la cama sin dar la buenas noches a quien ya no existe. Duelo es desear que las cosas fuesen diferentes, pero saber que no lo son ni volverán a serlo".

El duelo debe verse como un proceso inevitable y al que hay que enfrentarse para poder salir y seguir adelante en la vida. Tradicionalmente en este proceso se distinguen una serie de fases descritas por Elisabeth Kubler-Ross  a través de sus investigaciones con familias de enfermos en situación terminal y muerte inminente: 

1.      Repulsa: se rechaza, se niega la verdad y la evidencia.

2.      Rebelión: comporta rabia pero se inicia el reconocimiento de la verdad.

3.      Negociación: comienza a elaborarse un cierto compromiso con la evidencia.

4.      Depresión: es la fase de abatimiento ante la verdad

5.      Aceptación: reconciliación con la verdad. Comienzo de la preparación y superación del duelo.

 

Recientemente el Dr. Neimeyer ha desarrollado una nueva teoría sobre el duelo describiéndolo como proceso de "reconstrucción de significado". Para ello ha llegado a estudiar numerosas historias reales de personas que se esforzaron por superar sus pérdidas. Considera el duelo como un proceso activo de transformación. En una reciente publicación suya, ayuda al lector a movilizar los recursos personales y sociales necesarios para lograr su curación. Además, sugiere la ritualización y la conservación del recuerdo de las personas y cosas que perdemos, en contra de autores clásicos que intentaban evitar este tipo de rememoración.

Dependiendo de la relación temporal con la muerte se pueden considerar varios tipos de duelo: 

- Duelo anticipado. Es un tiempo caracterizado por el shock inicial ante el diagnóstico y la negación de la muerte próxima, mantenida hasta el final por la ansiedad y el miedo. Deja profundas huellas en la memoria.

- Duelo agudo. Son momentos intensísimos y excepcionales, de verdadera catástrofe psicológica, caracterizados por la anestesia emocional e incredulidad ante lo que se está viviendo.

- Duelo temprano. Desde semanas hasta unos tres meses después de la muerte. Tiempo de negociación con la evidencia, de estallidos de rabia y de intensas oleadas de dolor incontenible, profundo sufrimiento y llanto.

- Duelo intermedio. Período entre el duelo temprano y el tardío, en el que no se tiene la protección de la negación del principio, ni el alivio del paso de los años.  Es un periodo de tormenta emocional y vivencias contradictorias, de búsqueda, presencias, culpas y autoreproches, ... donde continúan las punzadas de dolor intenso y llanto, y en el que se reinicia lo cotidiano, comenzándose a percibir progresivamente la realidad de la muerte. Es también un tiempo de soledad, aislamiento, de pensamientos obsesivos. Se va descubriendo la necesidad de descartar patrones de conducta previos que no sirven y se establecen unos nuevos que tengan en cuenta la situación actual de pérdida. Este proceso es tan penoso como decisivo, ya que significa renunciar definitivamente a toda esperanza de recuperar a la persona perdida. Los períodos de normalidad son cada vez mayores. Se reanuda la actividad social y se disfruta cada vez más de situaciones que antes eran gratas, sin experimentar sentimientos de culpa. El recuerdo es cada vez menos doloroso y se asume el seguir viviendo. Este período dura entre uno y dos años.

- Duelo tardío. Transcurridos entre 2 y 4 años, el doliente puede haber establecido un modo de vida basado en nuevos patrones de pensamiento, sentimiento y conducta. Y aunque sentimientos como el de soledad pueden permanecer siempre, dejan de ser invalidantes.

- Duelo latente. A pesar de todo, nada vuelve a ser como antes. Sin embargo, con el paso del tiempo parece que se alcanza un duelo latente, más suave y menos doloroso, que se dispara en cualquier momento ante ciertos recuerdos.

Las reacciones más fuertes y prolongadas se manifiestan cuando la muerte es imprevista. No ha habido tiempo para programar o anticipar el suceso. De pronto los supervivientes se encuentran frente a un drama: un accidente de tráfico, un infarto, un suicidio, un embarazo interrumpido, un asesinato. Ello provoca un fuerte shock a todos los que conocían a la víctima. En el caso particular del suicidio los supervivientes quedan con el dolor, con interrogantes sin respuestas y sentimientos de culpa por no haber podido prevenir la muerte.