“EN MEMORIA DE NUESTROS DONANTES”
Guía breve de ayuda a sus familias

5. Llegó la hora

            La muerte es inevitable, y cuando afecta a alguien próximo y querido se considera la experiencia más estresante y dolorosa a la que nos enfrentamos durante nuestra vida. El apoyo que se necesita en estos tristes momentos es imprescindible. Sin embargo, pocos estamos preparados para tratar de forma eficaz con alguien que está cerca de la muerte o que ha perdido a una persona cercana.

Para los profesionales sanitarios resulta tan difícil ayudar a las familias que inician un proceso de duelo por la muerte de un ser querido como a cualquier otra persona alejada del ambiente sanitario. Ni en las facultades ni en los estudios de postgrado se enseña como ayudar a familias dolientes. Lo normal es no involucrarse, probablemente porque no se sabe hacerlo, pero la mayoría de las veces porque es una situación incómoda que trasmite también desasosiego y tristeza.

 

6. La última pérdida: la muerte

         La muerte es parte ineludible de la vida de todo ser humano y sin embargo, la negación es común. Desde que nacemos y durante el crecimiento, adquirimos y perdemos bienes y situaciones. La vida es una trayectoria cuya resultante depende del conjunto de ganancias y pérdidas. Pérdidas del crecimiento que dejan atrás la infancia, la adolescencia; pérdidas de vínculos afectivos, de bienes materiales, pérdidas de salud o pérdidas de aquello anhelado pero no alcanzado. Todas esas etapas generan sufrimiento hasta la que probablemente, pueda ser considerada como la más terrible por irreparable, por su dimensión, por el sufrimiento que conlleva: la muerte.

Parece claro que no se puede crecer sin sufrir. Para aceptar mejor la muerte lo mejor es vivir la propia vida. "En la medida que he vivido, puedo permitirme morir". "Si considero mi vida incompleta, insuficiente o desdichada, no quiero dejarla en un intento por recuperarme al tener más oportunidades", declara Simmons.

 

 7. ¿Porqué sufrimos?

         Se sufre porque se ama. El duelo es una consecuencia de los apegos, según Murray Parkes y John Bowlby: El duelo es la consecuencia de nuestros apegos afectivos.  El dolor del duelo forma parte de la vida exactamente igual que la alegría del amor y de hecho es el precio que pagamos por el amor,  el coste de la coimplicación,  comenta Parkes.

León Tolstoi explica en una de sus obras "Sólo las personas que son capaces de amar intensamente pueden sufrir también un gran dolor, pero esta misma necesidad de amar sirve para contrarrestar su dolor y curarles"

Otto Rank considera que ya desde el nacimiento la separación origina al niño o la niña ansiedad y que el miedo que experimenta al nacer comporta dos elementos: el miedo a la vida y el miedo a la muerte, dado que el nacimiento representa el fin de una grata experiencia anterior en el seno materno y el comienzo de una nueva vida. Posteriormente las pérdidas repetitivas en la vida no son más  que repeticiones de esta dinámica original que se caracteriza por la tensión entre "la vuelta al seno materno" y "el impulso hacia la independencia".

En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es total: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele el juicio), social (duele la actitud de la sociedad), familiar (duele el dolor ajeno) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro.