“EN MEMORIA DE NUESTROS DONANTES”
Guía breve de ayuda a sus familias

 

26. Muerte encefálica: ¿Cómo entenderla mejor?

             El desarrollo tecnológico ha introducido artefactos en el proceso natural del final de la vida. Cuando una persona no puede respirar, su corazón acaba parándose y el cerebro deja de funcionar de forma irreversible. La moderna medicina dispone de conocimientos y tecnología para intentar frenar esta evolución natural. Medidas artificiales de soporte ventilatorio y hemodinámico aplicadas a pacientes con daño neurológico, pueden evitar o retrasar la llegada al último escalón: la muerte encefálica. Esto es, cuando un cuerpo con un deterioro neurológico irreversible es declarado legalmente muerto. En estas situaciones, existe un acuerdo universal en que no hay obligación –ética, moral o legal- de seguir con tratamientos médicos; y si en consecuencia, se suprime la ventilación mecánica, el proceso natural de la muerte se reanudará hasta completarse en su totalidad.

Estos cambios en el desarrollo y comprensión de la muerte han sido impactantes tanto para los profesionales sanitarios como para el público lego. Para los primeros porque tienen que declarar legalmente muerta a una persona con algunos órganos funcionado; para los segundos, porque el aspecto externo de la persona con muerte encefálica tiene apariencia de vida.

El diagnóstico neurológico de la muerte está hoy ampliamente aceptado y ha sido crucial para el desarrollo de los tratamientos con trasplantes. En su origen, las conclusiones en 1968 del Comité  “ad hoc” de Harvard, hicieron posible que una mayoría de países contemplaran en su legislación la muerte encefálica como equivalente a todos los efectos a la muerte tradicional por parada cardiorrespiratoria.

En la práctica, la donación de órganos solo puede llevarse a cabo si el donante fallece en muerte encefálica. En España los trasplantes de riñón, -los más numerosos-, proceden de donantes en muerte encefálica en el 97 % de los casos, de donantes fallecidos de parada cardiaca en el 2% y de donante vivo, habitualmente familiar, en el 1%.

En este sentido, cuando las posibilidades de donación son consideradas, aplicar y mantener medidas de mantenimiento ventilatorio y hemodinámico a un paciente con lesiones cerebrales graves está justificado hasta que la opción de donación pueda ser presentada. El consentimiento para donar órganos es el elemento principal que justifica este proceso y la forma como se aborda es diferente en unos y otros países (consentimiento presunto, consentimiento expreso, acuerdo con los familiares).

Así, en nuestro país se ha sabido combinar una legislación con consentimiento presunto y la información a la familia en busca de acuerdo y ha demostrado su utilidad al posicionar a España en el primer lugar mundial en donantes de órganos por millón de población. Para que estos logros puedan mantenerse e incluso extenderse, es preciso continuar con la estrecha colaboración por parte de profesionales sanitarios y público, de forma que la confianza en las instituciones y en sus gentes les garanticen que el proceso se ha desarrollado con los mayores estándares éticos y de rigor científico. Solo asi, podremos contar con el apoyo mayoritario de la población hacia la donación, única forma de garantizar un numero ideal y cercano al máximo posible de operaciones con trasplantes.