“EN MEMORIA DE NUESTROS DONANTES”
Guía breve de ayuda a sus familias

15. Acepte ayudas

             Aunque no lo haya considerado las necesidades de apoyo son necesarias dependiendo de cómo van pasando los días o semanas. Sacerdotes, psicólogos, médicos o íntimos amigos le pueden ser de gran utilidad. Llámelos. No espere que vengan en su búsqueda. A veces si no se presentan es porque no quieren interrumpir su dolor o no saben si Vd. lo desea.

Con las diferentes ayudas la persona en duelo tiene que ser capaz de conseguir recordar el objeto o la persona perdida sin un dolor intenso  y ser capaz de dirigir la energía emocional  dentro de la propia vida y  recuperar la capacidad de amar.

 

16. Sea paciente consigo mismo y con los demás

             Unos días será más fácil y otros menos. Pero hay que intentarlo siempre. La ansiedad no es buena compañera para superar el duelo. Es un trayecto lento, pesado y difícil y para el que no nos han preparado. La experiencia enseña y la última vez siempre será más fácil que la primera. Por ello los nervios, la ansiedad, las malas o inapropiadas respuestas retrasan la recuperación  y no ayudan en absoluto.

 

17. Sobrevivir en días especiales

             La llegada de fechas especiales representan una vuelta atrás en los recuerdos y sentimientos y es cuando la pérdida se hace más patente e insoportable. Cumpleaños, aniversarios, navidades y celebraciones familiares estarán a partir de este momento presididas por la ausencia. Pero no se deben suprimir. Habrá que retomarlas con dignidad y con los apoyos familiares. Habrá que pensar en los que nos continuarán: hijos, nietos y demás. Ellos se merecen que esas reuniones sigan celebrándose, al principio, lógicamente, llenas de matices, de silencios, pero con tendencia a una progresiva normalización y las ausencias, se ocuparan con los recién llegados. Es ley de vida, nuevos hijos, nuevos nietos ocuparan espacios de nuestros recuerdos y devolverán la sonrisa, la esperanza y la ilusión cuando parecería que caminábamos por una pendiente imposible.

 

18. Tiempo

             Las familias tras la muerte de alguien muy querido necesitan tiempo para manifestar su enfado, irritación, para gritar y para reconocer a la muerte como suceso que ha llegado y que va a condicionar el resto de nuestras vidas. Probablemente ya nada será igual que antes. El cara a cara que se ha iniciado con esta muerte nos hará diferentes. El tiempo será una dimensión necesaria para compartir esos sentimientos nuevos que se abren paso desordenadamente, que intentan expresarse a la vez, no importa donde ni con quien estemos. Tiempo para decir adiós y aunque sea en la soledad, tiempo para decir un último “te quiero”.

 

 19. La muerte de un hijo

                 La muerte de un hijo nunca se olvida. La pérdida de un hijo no se "supera": uno se "recupera" de esa pérdida, aunque nunca se venza; dolerá de tarde en tarde como lo suele hacer una cicatriz. Conocemos madres de donantes a las que vemos muchos años después y se presentan con la misma mirada, la misma pena. No hay duda que sufren. Los psicólogos lo comentan más técnicamente: “el duelo por la pérdida de un hijo es el dolor máximo, desgarrador e insuperable”. Y además la mayoría de las veces sucede de forma imprevista, rodeada de tragedia, sin esos meses de enfermedad previa que te hubieran puesto en situación; que incluso por un cáncer le hubieras visto sufrir en vida, percibido el guiño de la muerte y hubieras incluso deseado que cesara ese tormento.

      

20. Aceptar la muerte

Parece tan evidente, pero resulta difícil. Hay muchos factores que influyen: desde la edad y la relación con el fallecido, a la forma de morir y a los apoyos y recursos sociales de los sobrevivientes. Aceptar la realidad de la muerte quiere decir reconciliarse con la propia mortalidad y con la realidad de que esa persona tan querida ya no existe. Un indicador de que la muerte ha sido aceptada es cuando la persona de luto empieza a hablar del difunto en términos de muerte o soledad personal. Cuando empieza a ver con más claridad y habla con tranquilidad de la nueva situación a la que esta haciendo frente. Cuando los verbos de frases relacionadas con el difunto se van conjugando mayoritariamente en pasado.

Hablar con alguien que se ha recuperado de una pérdida es como hablar con un descubridor, es hablar con alguien que habla de lo que ha ganado más de lo que ha perdido. Su vida refleja los acontecimientos del pasado, pero se concentra en el futuro. La muerte y la pérdida no dominan sus pensamientos. Son personas compasivas, con paciencia, con respeto a la vida y una estima profunda de las relaciones humanas.