Donación y trasplante de órganos

Trasplante pulmonar

Víctor Calvo

Para aquellos pacientes con insuficiencia respiratoria en estado terminal, en los que otros tratamientos se han mostrado ineficaces, el trasplante pulmonar supone la única posibilidad de volver a desarrollar una vida normal, sin necesidad de un suministro continuo de oxígeno complementario.

En los últimos años hemos asistido a la consolidación del trasplante pulmonar como procedimiento terapéutico, y el número de centros con la infraestructura y experiencia para realizarlo se ha ido incrementando. En España son siete los hospitales en situación de ofertar este tratamiento.

Cada trasplante pulmonar conlleva una enorme complejidad organizativa y técnica. A pesar de los progresos conseguidos, el procedimiento continúa teniendo una morbilidad y mortalidad nada despreciables. Existe además la problemática de la escasez de órganos, más acusada en el pulmón pues éste precisa un cuidadoso manejo y es el órgano que más rápidamente se degrada. Este es el motivo por el que el pulmón es válido para trasplante sólo en un 1.5% del total de las donaciones de órganos. Por todo lo expuesto, deben seleccionarse cuidadosamente a los potenciales receptores que puedan beneficiarse del trasplante. Estos han de ser pacientes con insuficiencia respiratoria avanzada en estadio terminal, en los que se han agotado todos los tratamientos posibles, con expectativa de vida inferior a dos años, pero con una situación clínica suficiente- mente aceptable para permitirles soportar la intervención. Entre las indicaciones de trasplante pulmonar se acepta fundamentalmente patología pulmonar obstructiva crónica (enfisema), patología restrictiva (fibrosis pulmonar idiopática o secundaria), patología séptica (bronquiectasias o fibrosis quística) y patología vascular (hipertensión pulmonar primaria o secundaria). Estos pacientes, que presentan un alto grado de incapacidad con necesidad de oxígeno suplementario continuo, pueden ser devueltos tras el trasplante a una actividad normal independiente del mismo.

El trasplante puede ser unipulmonar, bipulmonar o cardiopulmonar. La sustitución de un solo pulmón puede, en bastantes casos, devolver al paciente una capacidad funcional respiratoria suficiente para desarrollar su vida normal. Es algo menos complejo, reporta un menor riesgo al paciente y una recuperación más fácil al persistir la ayuda de un pulmón nativo. Además permite un mayor aprovechamiento de los órganos ya que podemos trasplantar a dos pacientes a partir de un único donante. Sin embargo el trasplante unipulmonar no siempre es posible, debiendo recurrir al bipulmonar, bien porque la indicación sea patología séptica, lo que produciría la infección del pulmón trasplantado si dejamos el otro, o bien porque por las características de desarrollo potencial del paciente se considere más adecuado el reemplazo de ambos pulmones para restituir al máximo la capacidad funcional pulmonar teórica. El trasplante cardiopulmonar se reserva para los casos en los que coexiste una alteración severa e irreversible de la función cardiaca.

Ante la existencia de un donante, los equipos se movilizan de inmediato. A pesar de los intentos de mejorar la preservación, la isquemia que puede soportar el pulmón es corta, no mayor de ocho horas. Una vez extraído, el órgano debe transportado en frío e implantado de inmediato.

Tras el trasplante hay que controlar estrecha- mente al paciente pues el riesgo de rechazo o infección, a veces difícilmente distinguibles, en este periodo es extremadamente elevado. Además existen multitud de posibles complicaciones, algunas derivadas de que el pulmón es el único órgano que se trasplanta sin restituir su riego, debiendo nutrirse a partir del circuito pulmonar. El aislamiento del paciente debe ser total y estricto, pues el árbol respiratorio está en contacto con el exterior y por tanto es muy susceptible a la contaminación.

E1 aislamiento total se mantiene durante 14 días tras los cuales el paciente es incluido en un programa de rehabilitación integral. Las medidas de aislamiento se van reduciendo progresivamente, pero sin suspender jamás las precauciones respiratorias. El paciente ha de tomar conciencia del tránsito de su anterior enfermedad a la nueva situación. Debe tomar medicación inmunosupresora de por vida, para evitar el rechazo del pulmón trasplantado. Además debe tomar medicación profiláctica para prevenir las infecciones oportunistas. Hongos, bacterias, protozoos y virus pueden provocar infecciones de difícil tratamiento y consecuencias fatales.

Además de la infección o el rechazo, son muchas las complicaciones que pueden aparecer como consecuencia del trasplante. Miopatía, osteoporosis, diabetes, hipertensión arterial, estenosis de vía aérea, insuficiencia renal, procesos linfoproliferativos, etc., son algunas de ellas, a veces de difícil solución y que obligan a ingresos repetidos de los pacientes.

De lo anteriormente expuesto se deduce el largo camino que aún queda por recorrer en el trasplante pulmonar. Necesitamos aumentar la oferta de donaciones, mejorar la preservación del órgano, mejorar la inmunosupresión, establecer profilaxis eficientes, reducir los efectos secundarios de la medicación, etc. Hay que tener presente que tenemos que ofrecer al paciente resultados y unas expectativas reales más que un procedimiento. A nivel global, la supervivencia a tres años de los trasplantados pulmonares se aproxima al 70 %, con buena calidad de vida, lo que corrobora la utilidad de este procedimiento.

Víctor Calvo Medina.

Coordinador del Grupo de Trasplante Pulmonar.

Hospital Universitario La Fe. Valencia

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Trasplante de ÓRGANOS