La mayoría de las religiones se
han manifestado a favor de la donación de órganos. La Iglesia Católica ha expresado de
forma clara y contundente que la donación de órganos es el acto supremo de caridad,
generosidad y amor que una persona puede hacer por otra en esta vida. Los últimos Papas
en diferentes encíclicas y en otros documentos animan a todos los católicos a que se
expresen en vida a favor de la donación. Obispos y sacerdotes predican en sus diócesis y
parroquias, predican la necesidad de la donación de órganos para salvar vidas y evitar
sufrimientos de personas que sufren graves problemas de salud.
Anglicanos y protestantes no plantean ningún problema en
donación/trasplante. En general, abogan porque cada cual elija en conciencia la decisión
de ser donante.
La religión judía es favorable a la donación de órganos. Incluso se
puede leer en el Talmud "Quien salva una vida salva el mundo" y las jerarquías
religiosas interpretan que la donación de órganos para trasplante es la mejor actitud
para ayudar a otro a salvar su vida.
Entre los evangélicos no cabe ningún prejuicio religioso frente a la
donación.
La religión musulmana tampoco pone ningún obstáculo a la donación y
así ha quedado expresado en diversos documentos que sus autoridades religiosas han
difundido. No obstante, la donación de órganos es muy baja en países donde el islam
está muy arraigado. Sin embargo, el factor religioso no parece tan fundamental como otros
elementos socio-culturales que impiden la donación y el trasplante de órganos en países
con escasos recursos para realizar incluso tratamientos alternativos como la diálisis.
Los testigos de Jehová que manifiestan con rotundidad su oposición a
las transfusiones de sangre no tienen por el contrario, ninguna oposición a la donación
de órganos ni tampoco hacia el trasplante; siempre que se les asegure que no van a
recibir durante la operación ninguna transfusión. En el momento actual esta condición
se puede asumir perfectamente en una mayoría de trasplantes de riñón.
Otras religiones más minoritarias en nuestro entorno occidental como
el budismo y sintoismo, no favorecen la donación de órganos porque en sus creencias, el
proceso de muerte sucede de forma gradual completándose a lo largo de tres días tras la
muerte clínica. Durante este tiempo el cuerpo del difunto budista no debe ser manipulado
por interferenicas con futuras reencarnaciones.